Ayer, por primera vez asistí junto a mi familia a la Noche de los Museos. Comenzamos la noche bien avanzada la hora, deseando encontrar una merma del público. Luego de veinte minutos de espera en la parada del colectivo nos subimos al 175. Como un lobo que anticipa la presa sucedió lo que esperaba. El pase para viajar gratis fue observado con desprecio por el conductor. Intercambio suave de palabras el tema quedó zanjado haciendo caso omiso a sus "patronales pretensiones". Augurio de mala noche? Estábamos con la firme decisión mantener la alegría por la salida. Seguimos el periplo tomando la servicial línea 152. Era ya medianoche. Abarrotado de gente nos bajamos en Casa Rosada. Nuestro primer intento fue visitar el Museo del Bicentenario. Casi doscientos metros de cola nos amedrentó. Pensamos en volver más tarde. En el camino optamos por entrar al mítico Ministerio de Economía. Una instalación artística que mostraba momentos económicos difíciles que atravesó nuestro país; cuadros muy bien enmarcados de varios ex-ministros de economía (Wehbe, Alemann, Dagnino Pastore, Martinez de Hoz y algún otro que no llego a recordar) en el piso, sobre un lienzo negro, dispuestos desordenadamente contra la pared; y una estupenda banda de jazz que alivianaba la cruda muestra. Salimos de ese ambiente asfixiante para tropezarnos en la calle con unos quinientos patinadores alegremente disfrazados. Nos impactó la originalidad y el desparpajo de toda esa multitud familiar circulando con gran velocidad por la tan alicaída Plaza de Mayo. El Cabildo nos capturó. Recorrimos sus gruesas paredes y apreciamos pinturas y objetos muy preciados. Quizás el objeto más preciado para mi, fue el observar detenidamente la bandera del Regimiento 71 de los Highlanders
http://es.wikipedia.org/wiki/Banderas_brit%C3%A1nicas_de_las_Invasiones_Inglesas_conservadas_por_Argentina. Me afloró un sentimiento que entiendo que no es constructivo, pero ese trapo me hizo revivir cierta parte de mi historia personal. Al salir una cuadrilla del GCBA barría con mangueras a presión la mugre existente. Nos encaminamos a la misteriosa y oculta Manzana de las Luces, pero en el trayecto me llega la información que ya había cerrado las puertas. ¿Cómo, no era hasta las tres de la mañana? Con cierta desilusión convencí a la mas pequeña de mis hijas de ir a otro lugar interesante y de mucha historia, el Colegio Nacional Buenos Aires. Antes hicimos la parada entrando a la iglesia de San Ignacio de Loyola. La más antigua de la ciudad.
http://www.sanignaciodeloyola.org.ar/nuestraiglesia.asp Allí vi guías explicando detalles del sitio. Por fin entramos al viejo Colegio Nacional Buenos Aires. Pudimos disfrutar de los laboratorios de biología y física. Y la palabra es "disfrute" pues los alumnos y docentes dieron clases abiertas a todas las personas que circulaban por sus aulas. Un merecido muy bien 10 felicitado a todos ellos que colaboraron desinteresadamente en una propuesta educativa formativa y de gran atracción.
Estaba llegando el fin de la Noche de los Museos. Las tres de la mañana había sonado. Tomamos un rico y abultado desayuno en la esquina de Bolívar e Hipólito Yirigoyen. Regresamos sobre nuestros pasos con el 152.
En resumen, fueron tres horas intensas de alegría personal y popular. La noche acompañó con un clima benigno. Muy buena predisposición de todos los participantes para hacer de esta noche una fiesta cultural.
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